martes, 8 de noviembre de 2011

Miénteme... Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy.


Crisis, paro, sanidad, educación... demasiados frentes abiertos para estas elecciones. El candidato del PSOE y el del PP han defendido sus propuestas en el único debate que protagonizarán esta campaña. Pero, ¿han dicho la verdad? Rafael López, director del Club del lenguaje no verbal, y José Rúas, autor del libro 'Manual del candidato electoral', analizan sus intervenciones.

[foto de la noticia] 


Esa vieja sentencia del mundo del periodismo que aconseja que no dejes que la realidad te estropee una buena noticia —o un gran titular— es la que muchos buscábamos para el denominado debate que se celebró anoche, en el 'Canal R' (el de Rajoy y Rubalcaba), en ese partido retransmitido por la Academia de TV.


Debatirse, según el diccionario de la otra Academia (la Real de la Lengua, no la de Campo Vidal), significa, en su forma más o menos reflexiva —porque depende del medio y las circunstancias—, luchar resistiéndose, pero también esforzarse. Y digamos que Rubalcaba hizo honor al eslogan de su campaña, de pelear por lo que quería, y Rajoy se esforzó y debatió entre aguantar el tirón o entrar al trapo de las provocaciones de su adversario.


El atleta de los 100 metros lisos en 11 segundos cuyo ataque resistió Rajoy durante los 100 minutos que duró el llamado debate, con una mezcla de paciencia y condescendencia (o altivez, dirán sus detractores), que por momentos exasperó al candidato socialista, que pasó de controlar sus gestos, más o menos acompasados, durante el primer tiempo del partido, a moverse más, colocarse (el nudo de la corbata, la chaqueta…) y descolocarse a medida que pasaba el tiempo. Como 100 fueron también los 'académicos voluntarios' de la TV a los que apeló el moderador, del mismo modo que mencionó a no sé qué internautas y grupos sociales —pues no se mostró ni oyó a ninguno—, y hasta habló en italiano y portugués.


Sin embargo, no le explicó al español de a pie por qué se estaba haciendo un debate por el pueblo, para el pueblo, pero sin el pueblo (o al menos todo el pueblo) y con un gasto de medio millón de euros por no querer debatir en esa televisión pública que los de Rubalcaba premiaron y los de Rajoy criticaron por falta de pluralismo. Y no sé si 100, pero desde luego más de tres fueron los «datitos» (como los calificó Rubalcaba), con los que el 'logos' y la razón de Rajoy trató de amortiguar el 'pathos' de la emoción y sentimiento de su contrincante, quien incluso aprovechó para referirse a «mis convicciones» en el tiempo de descuento. Había que hacerle un placaje a los 5,2 puntos de Alemania, los 9,8 de Francia y hasta los 920.999 visados de obras del colegio de arquitectos con los que Rajoy quiso contestar a Rodríguez… ¡Uy, perdón, a Pérez Rubalcaba, que en quién estaría pensando!

Pues el mismo que le ganó un debate a Rajoy, le espetó un ágil Rubalcaba, que además no perdía ocasión de emplear la segunda persona del singular y el plural, señalando con su dedo acusador al templado de don Mariano, al tiempo que aprovechaba para enumerarle dos o tres compromisos de su programa o dos o tres cosas, indicando siempre la primera con el pulgar hacia arriba, en plan americano, haciendo el gesto de 'ok'.

Claro que lo más llamativo fue, sin duda, ese giro hábil por parte de un miembro del equipo del gobierno interpelando a la oposición y preguntándole por su programa. Todo un giro periodístico que rompe con los tradicionales géneros que nos enseñaron en la facultad y el manual del Albertos que distinguía, claramente, entre entrevista y debate. «No me ha contestado a la pregunta», le espetó en varias ocasiones Rubalcaba a Rajoy, y «déjeme que le haga otra, porque a la primera no me contestó»; o «respóndame usted a esto» o a lo de más allá. Y Rajoy entró por momentos, aproximadamente en el minuto 30 de la primera parte: «Pues le voy a responder con mucho gusto»... y le habló de mentiras, insidias y cosas burdas. Pero cinco minutos después el registrador de la propiedad bajó de nuevo la cabeza a sus notas, para seguir el guión y «en cualquier caso decirle lo que yo voy a hacer», evitando la discusión.

Así fue este derbi sin partido de vuelta, planteado al comienzo de la liga y cuando la emoción es menor. Toda una demostración de que, como en el fútbol, aquí también hay dos ligas: la que juegan el Madrid y el Barça —aunque Rubalcaba también es del Madrid—, y la que jugarán el resto en TVE (sin tan siquiera contar con los colistas), sobre los que el CIS dice que remontarán hasta los primeros puestos y dispondrán de su propio equipo en el medio campo del hemiciclo. Y así nos quedamos, con un debate sin preguntas del público, del ama de casa, del parado o de los indignados. Preguntas que incluso alguna empresa podría ahorrarles el esfuerzo de escoger, como en el programa Tengo una pregunta para usted. Pues no hay preguntas, ya ve usted, aparte de las ya convenidas y las continuamente planteadas por el portavoz Rubalcaba haciendo de periodista. Como en esas mal llamadas ruedas de prensa en las que, más que no haber preguntas, lo que no hay son respuestas, como le espetó en una ocasión un periodista a un político.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Anoche me quede sembrado con los dos maximos aspirantes a salir como presidente. Salga el que salga, no auguro nada bueno para españa.

Fernando dijo...

Rubalcaba le dio una leccion a Rajoy el que no hacia mas que desviarse de lo que Rubalcaba le preguntaba.

angel mendoza dijo...

fernando que leccion puede dar rubalcaba con lo que a echo el psoe en estos años, si para leccion es darle mas a la banca o quitarle a los obreros o sea una sigla de psoe los derechos y darselo a los empresarios pues si que a dado ua leccion pero vamos buena leccion tendremos con estos dos partidos de chupocteros y de ladr.. apañado esta españa con estos dos partidos