Tráfico de drogas, robos con violencia, lesiones que causan grave
deformidad, estafas, prevaricación, malversación, homicidios, abusos
sexuales, torturas, coacción para la prostitución... Prácticamente todos
los delitos han sido en algún momento perdonados total o parcialmente
por el Gobierno. Durante 2012, el que dirige Mariano Rajoy ha concedi.do,
hasta el pasado 25 de noviembre, 468 indultos. Un número similar al de
otros años y otros Ejecutivos. El de José Luis Rodríguez Zapatero, por
ejemplo, perdonó a menos en 2011 (301), pero en 2007 aprobó la medida de
gracia para 521 condenados.
No hay diferencias significativas en función del color del partido en
el poder. Todos indultan y ninguno da explicaciones ni argumenta las
razones que han conducido a cada perdón. La ley que lo regula, de 1870, no les obliga a ello
—fija, por el contrario, una facultad que se ejerce sin rendir cuentas a
nadie— y tampoco lo hacen por iniciativa propia. La opacidad es total.
Solo el Ejecutivo de turno sabe por qué perdona en unos casos y en otros
no, y no hay forma de controlar esa decisión.


