Cuarto Poder
“La huelga general no ha paralizado
el país”, repite el piquete de la derecha desde ayer, con tono triunfal. Frente
a la consigna, caben dos respuestas: una es entrar al trapo, jugar en su terreno
y con sus reglas, con su lenguaje y sus parámetros para medir huelgas, y
perdernos así en una discusión de cifras, porcentajes, consumo eléctrico,
comparaciones históricas, etc.
Pero cabe otra respuesta: ignorar las necedades del piquete antihuelga (sí,
necedades, qué otra cosa puede decirse de quien cuenta más manifestantes en
Santander que en Madrid), no perder un minuto en rebatirlo, y mejor contestarle:
“Claro que no paralizó el país. Todo lo contrario: lo movilizó.”
Un país paralizado es lo que ellos pretenden: un país paralizado de miedo, una sociedad quieta y callada, atemorizada por la triple tenaza: la crisis (miedo al paro y a la exclusión); la reforma laboral (miedo al patrón, al que la reforma laboral dio todo el poder); y la represión (miedo a los porrazos y multas).
Un país paralizado es lo que ellos pretenden: un país paralizado de miedo, una sociedad quieta y callada, atemorizada por la triple tenaza: la crisis (miedo al paro y a la exclusión); la reforma laboral (miedo al patrón, al que la reforma laboral dio todo el poder); y la represión (miedo a los porrazos y multas).